Ocho de nuestros alumnos y alumnas de 3º de la ESO han vivido una experiencia inolvidable gracias a un intercambio escolar en Sofía, Bulgaria, con el centro Comprehensive School William Gladstone, que tuvo lugar del 19 al 25 de abril. Esta movilidad ha supuesto para ellos una oportunidad única de aprendizaje, convivencia y crecimiento personal, tanto dentro como fuera del aula.
Al inicio del viaje, muchos ya se conocían entre ellos; sin embargo, los nervios estaban muy presentes. Para la mayoría era la primera vez que viajaban tan lejos, pasaban varios días fuera de casa y convivían con familias de otro país, comunicándose en inglés, una lengua diferente a la suya.
A pesar de la incertidumbre inicial, desde los primeros días el grupo, formado por 2 chicos y 6 chicas de entre 14 y 15 años, comenzó a unirse poco a poco. El apoyo mutuo, la convivencia constante y el hecho de compartir una experiencia tan intensa hicieron que se creara un gran sentimiento de grupo. El acompañamiento de las profesoras Rosa Lloret y Ana Llorca, junto con la excelente acogida del centro anfitrión y de las familias búlgaras, fue clave para que el alumnado se sintiera seguro y bien integrado desde el principio.
Durante la semana, los alumnos y alumnas asistieron a clases junto al alumnado búlgaro y participaron en diferentes actividades educativas y culturales organizadas por el centro. Compartir el día a día en el instituto les permitió conocer de primera mano un sistema educativo diferente, comparar metodologías y mejorar notablemente su comunicación en inglés. Aunque al principio les costaba un poco seguir el ritmo de las clases y expresarse con soltura, con el paso de los días fueron ganando confianza, participando más activamente y sintiéndose cada vez más cómodos en las actividades propuestas.
Fuera del horario lectivo, el grupo tuvo la oportunidad de conocer Sofía, una ciudad que les sorprendió por su mezcla de historia, cultura y vida moderna. Pasearon por sus calles, visitaron lugares emblemáticos y descubrieron tradiciones y costumbres distintas a las suyas. Estos momentos fuera del aula les permitieron convivir más estrechamente con sus familias de acogida y con sus nuevos amigos, fortaleciendo los lazos creados durante la semana. Cada salida se convirtió en una oportunidad para aprender, compartir experiencias, reírse juntos y crear recuerdos inolvidables.
Una grata sorpresa fue el descubrimiento de la gastronomía búlgara, con platos de origen turco y griego que encantó a todos.
Para todo el grupo, este intercambio ha sido una experiencia muy especial, no solo por el hecho de viajar y conocer otro país, sino por todo lo que han vivido juntos: los nervios del primer día, la adaptación a una nueva rutina, los días en el instituto, las excursiones, las conversaciones y las amistades que han surgido. Sin duda, esta movilidad les ha ayudado a crecer como personas, a ser más autónomos, a desarrollar su confianza y a abrir su mente a otras culturas. Una experiencia enriquecedora que recordarán siempre y que refuerza el valor educativo y personal de los intercambios escolares.

















